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sábado, 12 de diciembre de 2015

Las metáforas hacen política II. Algunos ejemplos.



En una entrada anterior hablábamos sobre las metáforas que se utilizan en la política y del papel preponderante que tienen en la manera que tenemos de concebir el mundo que nos rodea.  En la entrada de hoy, vamos a mostrar algún ejemplo concreto con respecto a esta cuestión.  Como ya apuntamos, una de las metáforas más productivas es aquella que considera al “estado como una persona”.  Esta abstracción resulta muy cómoda, pues permite un discurso muy directo y que impacta directamente en el auditorio. ¿Por qué? Pues porque no hay nada que despierte más empatía que otro ser humano.  Además, al considerar una nación como un individuo permite que se le atribuyan características propias de un ser humano como ser pacífico, agresivo, responsable, trabajador…  Incluso se puede determinar la salud de la que goza esa nación en función de su nivel económico.  Dos vídeos, uno de Ciudadanos, y otro más reciente del PP, utilizan esta metáfora de la “nación como una persona” y, en ellos, España estaba grave (debido a la crisis económica) pero el tratamiento que recibe por parte de los médicos (los políticos de una y otra formación en cada spot) hace que mejore.  La similitud entre ambos videos es evidente, pero una metáfora tan rentable como esta ya había sido aprovechada de forma muy parecida en las elecciones de 2008 de la República Dominicana.

Otra de las metáforas más recurrente es la que equipara la nación con un navío.  Artur Mas declaró que "El barco (Cataluña) ha iniciado el viaje a Ítaca (la independencia) y habrá momentos de tormenta e incluso algunos querrán hundir el barco pero mantendremos el rumbo firme".  La imagen, resultaba muy poética, pero tal y como auguraba, muchos le han dado la vuelta y ha servido para atacar a Mas:

“Duran i Lleida abandona el barco a la deriva de Artur Mas y su aventura soberanista” (Diario crítico, 21 de julio de 2014).

“Artur Mas: sin barcos, sin honra” (De Verdad Digital, 4 de diciembre de 2015)
“Artur Mas, el hombre que perdió el «seny» rumbo a Ítaca” (ABC, 28 de septiembre de 2015).



Clara de los Aires

Las metáforas hacen política



Al contrario de lo que pudiera parecer a simple vista, la metáfora no es solo un recurso literario.  Por norma general, entendemos como metáfora el empleo de una palabra con un sentido diferente al que le corresponde usualmente.  Sin embargo, según la lingüística cognitiva percibimos el mundo a base de metáforas que se reflejan en el lenguaje.  Lo que sucede es que estas metáforas y expresiones figuradas son tan habituales en el habla cotidiana, que muchas veces no se perciben como tales y pasan inadvertidas.  Desde este enfoque cognitivista, George Lakoff y Mark Johnson argumentaron en su obra Metáforas de la vida cotidiana que nuestro sistema conceptual es de naturaleza metafórica.  Posteriormente, Lakoff en No pienses en un elefante analizó cómo habrían aprovechado esta característica los políticos estadounidenses para sus propios beneficios electorales, en especial los republicanos y encomiaba a los demócratas a hacer lo mismo. 

En La metáfora en la política.  Carta abierta a Internet, Lakoff reconoce que el pensamiento metafórico no es, en sí, ni bueno ni malo y que no se pude evitar recurrir a él para expresar conceptos abstractos o complejos.  En una, ya célebre, expresión (metafórica) advertía que “las metáforas pueden matar”, aludiendo a cómo el discurso de los republicanos contribuyó a justificar la Guerra del Golfo.  Por medio de la creación de imágenes de gran fuerza y creando marcos conceptuales se enmascaraba la realidad.  Se representaba a Iraq como el “villano”, personalizado en la figura de Saddam Husein, esto último como ejemplo de otro recurso muy importante para lingüística cognitiva, la metonimia.  La “víctima” en este conflicto habría sido Kuwait y el “héroe” que se sacrifica, Estados Unidos.  Con estos elementos, propios del cuento tradicional, se dotaba de justificación moral a la intervención estadounidense y se disimulaban los motivos económicos, centrados en el control del petróleo de la zona.  Pero aún habría algo peor; al considerar a una nación como un “villano” personificado se perdía la conciencia de nación como conjunto de personas de carne y hueso que acabarían sufriendo las consecuencias de la guerra, de manera literal.  Parece que la estrategia les funcionó a los republicanos, ya que repitieron el mismo sistema para justificar la Guerra de Iraq, tras el 11S.

Las teorías lingüísticas de Lakoff se han tenido en cuenta también por políticos de fuera de los Estados Unidos.  Por ejemplo, en nuestro país, el lingüista fue uno de los 14 expertos internacionales que nombró el PSOE para asesorar la elaboración de su programa electoral para las elecciones generales de 2008.  Más recientemente, se ha podido leer en algunos medios que el líder de Ciudadanos ha recomendado a todo su equipo la lectura de No pienses en un elefante con el fin de aumentar sus posibilidades electorales.
Así pues, la metáfora no es solamente ese recurso estético asociado en exclusiva al lenguaje poético.  El uso que se hace de ellas en la política no siempre es inocente y  hay que tener en cuenta que la expresión metafórica no sustituye al completo el término al que se refiere, sino solo una parcialidad.  No habría que perder de vista lo que no se está diciendo, lo que queda opaco; al menos en política.



Clara de los Aires

Persuasión



Cualquier forma de habla es una forma de persuasión en cierta medida, ya que el emisor siempre intenta atraer al interlocutor hacia su punto de vista.  Sin embargo, en algunos tipos de comunicación es donde se hace más patente la intencionalidad persuasiva, entre ellos la publicidad o la política.

Debido a que, a diferencia de otros ámbitos, no se puede hablar de un lenguaje político en sí, hay autores que prefieren hablar de “comunicación política”.  No puede negarse que esta comunicación política es una forma de manejo de poder, por lo que siempre están presentes  factores ideológicos o sociales, pero al final siempre encontramos unas constantes: la presencia de un discurso público y los procesos persuasivos inherentes.

Mediante palabras se crea y se mide la realidad; saber usarlas es la mejor manera de persuadir y esto es algo que desde el nacimiento de la democracia en Grecia se ha explotado.  La retórica, el modo de manejarse con las palabras, los argumentos bien esgrimidos, son la base del discurso político.

En la sociedad actual los políticos utilizan los medios y los medios utilizan a los políticos.  Hace unos días, tuvo lugar el tan anunciado debate entre los candidatos de los cuatro partidos mayoritarios, si bien el PP no fue representado por su líder, algo muy comentado, como también lo fue la ausencia de otras formaciones políticas.  Ni fue ni ha sido el último debate de la campaña actual, pero contó con una gran repercusión por tratarse de un debate a cuatro.
El género del debate televisivo, cuenta con una gran tradición en EE. UU, donde en 1960 ya se enfrentaron Kennedy y Nixon.  Para el primer debate de este tipo en España hay que esperar hasta 1993, cuando se enfrentaron Felipe González y José Mª Aznar.  Desde siempre, han contado con elevados niveles de audiencia y siempre corren ríos de tinta tras ellos  y afloran las tertulias que analizan el encuentro.  Es por esto que los debates se han convertido en una de las piezas fundamentales de las campañas electorales y en ellos los candidatos tratan de persuadir al votante de que su partido es la mejor opción.



Clara de los Aires